
Boca necesitaría dos canchas para ofrecerles a sus 106 mil socios un fútbol sin restricciones. O sea, que un domingo cualquiera y como local, todos puedan entrar para ver al equipo. Sepultada la idea de adquirir viviendas linderas a la Bombonera porque el 35 por ciento de los vecinos no las venden, al club le queda un solo camino: construir un estadio nuevo. Es el proyecto que anunció el presidente Daniel Angelici en mayo pasado. Pero necesita de requisitos políticos y económicos para cumplirse. Los primeros parecen factibles, los segundos no tanto, aunque el dirigente sostiene desde hace tiempo que cuenta con inversores para hacerse cargo de esta obra faraónica. La iniciativa tiene un aspecto extravagante: el escenario para 80 mil espectadores conviviría con la Bombonera en la misma geografía, a escasas cuadras de distancia. Esta amenaza –así la perciben organizaciones vecinales– podría concretarse si la Corporación Buenos Aires Sur, que es dueña de dos manzanas donde se levantaría el estadio, decide vendérselas a Boca. Esa sociedad del Estado es controlada por el macrismo, fuerza en la que también milita Angelici, un radical del PRO muy cercano a Enrique Nosiglia.